El ruido ensordecedor de los vuelos rasantes de los aviones Gloster Meteor de la Fuerza Aérea Argentina aún retumban en la memoria de los vecinos del barrio Campamento de Ensenada. Era el 16 de septiembre de 1955. En aquel entonces, todos y todas eran niños, pero el recuerdo quedará por siempre.
Se concretaba un sangriento golpe de Estado contra el gobierno democrático y nacionalista encabezado por Juan Domingo Perón, que en todo el país dejó el luctuoso saldo de 159 muertos. Un enfrentamiento clave entre golpistas y leales al Gobierno constitucional (que en las elecciones de noviembre del ’51 obtuvo el 63,5% de los votos, la mayor marca electoral hasta hoy en día) se produjo en nuestra región. El bombardeo dejó como saldo un vecino civil muerto, Rodolfo (Cholo) Ortiz, y decenas de heridos. En toda la zona de Ensenada, contando el Hospital Naval, se registraron 35 víctimas fatales.
Este enfrentamiento producido en la Ensenada de Barragán fue, en rigor, la «segunda parte» del fallido intento de golpe del 16 de junio de 1955, cuando los golpistas bombardearon Plaza de Mayo y alrededores dejando 308 muertos, cientos de heridos y personas mutiladas, incluyendo niños y niñas de un contingente escolar.
Los ataques del 16 de septiembre fueron planeados y dirigidos por los generales antidemocráticos y cipayos Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu y por el almirante Isaac Rojas.
«La Escuadra de Mar, a cargo del almirante Isaac Rojas, llegó a la altura de Pontón Escalada y lanzó su ultimátum: si Perón no renunciaba, bombardearían la destilería Dock Sud de Avellaneda y la destilería de petróleo de La Plata-Ensenada. Para demostrar que su decisión era definitiva, ordenó el bombardeo de la destilería de Mar del Plata, destruyéndola«, nos cuentan desde el Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas «Juan D. Perón».
El bombardeo de los depósitos de petróleo de la destilería de Mar del Plata estuvo a cargo del vicealmirante Raúl Francos, padre de Guillermo Francos, actual jefe de Gabinete del gobierno nacional de extrema derecha.
El Hospital de Ensenada y el Ministerio de Salud bonaerense, claves para salvar vidas
El personal del Hospital de Ensenada -luego y hasta hoy, Hospital «Horacio Cestino»- cumplió un papel crucial atendiendo a las decenas de heridos -hombres, mujeres, niños y ancianos- como consecuencia de los cruentos bombardeos.
Asimismo, el personal del Ministerio de Salud bonaerense, en ese entonces a cargo de Enrique Vattuone (ver foto), cumplió un rol clave en las tareas de evacuación de la zona. La mayoría de los evacuados fueron alojados en los clubes de Gimansia y Esgrima, Estudiantes, y en el entonces Hotel Provincial ubicado en calle 8 entre 50 y 51.
El «inestimable» apoyo inglés con que contaron los golpistas
Luego de los bombardeos a Plaza de Mayo de junio de aquel 1955, Perón le quitó «toda la munición» a la Armada; no así el armamento. Además, les dio de baja a los cabecillas del atentado terrorista. No obstante, los historiadores cuentan que entre junio y septiembre los golpistas se dedicaron a planificar la arremetida de septiembre. Y en ese interín, «mar adentro», fueron provistos de munición por barcos británicos.
«Si el movimiento peronista y su gobierno tuvieron fuertes enemigos internos, no es menos cierto que los hubo mayores en el exterior. El principal, entre éstos, era un imperio en decadencia, pero un imperio al fin. Inglaterra, puesto que de ella hablamos, iba a jugar sus cartas con maestría y sin esos movimientos bruscos que delatan a los carteristas novicios. En este sentido, la Argentina de 1955 fue la carpeta de juego en que los legos debieron enfrentar, con desventaja, a los fulleros» (Fermín Chavez, Revista Primera Plana Nº 507, 13 de septiembre de 1973 – www.elhistoriador.com.ar).
«Si Perón no renunciaba, Rojas volaba Dock Sud, La Plata y Ensenada»
Lo cierto es que luego de aquel sangriento 16 de septiembre, Rojas exigió la renuncia de Perón bajo amenaza de bombardear las destilerías de Dock Sud y La Plata-Ensenada, después de haber bombardeado -como muestra de que estaba dispuesto a cualquier locura- la destilería de Mar del Plata, tal como mencionamos.
Para dar fin al conflicto y evitar una tragedia mayor de muertes de civiles, el presidente democrático Juan Domingo Perón le ordenó al ministro del Ejército, general Frankin Lucero, que comunique por radio su renuncia. «Al pedir asilo y serle concedido, se trasladó a la cañonera ‘Paraguay’, abandonando el país el 21 de septiembre. No volvería a su patria por casi dieciocho años».
Ensenada, un blanco estratégico para los golpistas
Ensenada, el 16 de septiembre del ’55, fue un escenario fundamental del golpe cívico-militar, el cual contaba con parte de las FFAA al mando y el apoyo de los principales políticos de la oposición -UCR, socialistas, conservadores- y la jerarquía de la Iglesia Católica.
Los aviones hicieron su aparición y comenzó el enfrentamiento entre los leales al Gobierno y los golpistas que habían tomado la Base Naval de la ciudad ribereña. Nadie entendía qué pasaba. Los vecinos, atemorizados por los vuelos rasantes de los aviones Gloster Meteor de la Fuerza Aérea Argentina, comenzaron a resguardarse sin poder evitar la destrucción del “Barrio Campamento” por efecto de las bombas, dejando como resultado un civil muerto y decenas de heridos (ver galería de imágenes históricas).
Si la historia la escriben los que ganan…
¿Por qué los 159 muertos a nivel nacional y el tremendo bombardeo sobre la población civil de Ensenada quedaron por décadas -y hasta hoy- ausentes en los relatos históricos? Es que la historia oficial-liberal necesitaba contar, y de hecho así lo hizo, que aquel fue un «golpe incruento», sin violencia, y que «Perón era un cobarde que había huído», cuando en realidad el almirante Rojas estaba al mando del Crucero ARA 17 de Octubre (luego rebautizado General Belgrano y en 1982 hundido en Malvinas) amenazando con bombardear la capital federal y la Destilería YPF de La Plata-Ensenada, relató Rodolfo Ortiz, hijo del «Cholo» Ortiz, muerto en el bombardeo al Barrio Campamento (ver video).
Testimonios
- Rodolfo Ortiz, hijo de Rodolfo «Cholo» Ortiz, muerto en el bombardeo
«Mi padre era ferroviario y su trabajo era guardabarrera; a pesar de las recomendaciones, él prefirió no evacuar a la familia porque sentía que tenía que estar ese día en la garita del tren de Río Santiago, para levantar la barrera a los soldados del Regimieno 7 de Infantería según le habían confirmado, lo cual no fue así, ya que el Regimiento ingresó a pie por el camino Blanco, hoy camino Rivadavia.
«En 2017, el Archivo Nacional de la Memoria (hoy, ex ESMA) realizó una investigación en todo el país sobre la cantidad de fallecidos durante el golpe que se extendió desde el 16 al 21 de septiembre de 1955 y, hasta la fecha, dicho organismo lleva documentados al menos 156 víctimas fatales (finalmente fueron 159), 35 de ellas en la zona de Ensenada con acta de defunción» (Rodolfo Ortiz hijo)
«Durante el bombardeo mi padre nos protegió como pudo, debajo de la mesa, a mi familia y a mí. Momentos más tarde una bomba impactó en la puerta de casa derrumbando las paredes. Mi padre no alcanzó a protegerse y murió atrapado debajo de los escombros. Los soldados nos rescataron y nos llevaron al Hospital de Ensenada, hoy Hospital “Horacio Cestino”. En el barrio quedaron 7 u 8 familias para ayudar a los soldados y a la Policía de la Provincia, leal a Perón.
«En 2017, el Archivo Nacional de la Memoria (hoy, ex ESMA) realizó una investigación en todo el país sobre la cantidad de fallecidos durante el golpe que se extendió desde el 16 al 21 de septiembre de 1955 y, hasta la fecha, dicho organismo lleva documentados al menos 156 víctimas fatales (finalmente fueron 159), 35 en la zona de Ensenada con acta de defunción«.
Aníbal Alvarez
«Recuerdo que tenía 8 años y nos salvamos de milagro, estábamos en medio de un tiroteo entre los golpistas de la Base Naval y los que apoyaban al Gobierno. De repente, entra un soldado del 7 de Infantería en mi casa a pedir agua, y mi padre le pregunta: ¿usted que nos recomienda?, y la respuesta del soldado, sin dudarlo, fue «evacúen porque el enfrentamiento va a ser peor de lo previsto». Inmediatamente nos fuimos de casa y mi padre avisó a los vecinos para que hicieran lo mismo -entre ellos, al Cholo Ortiz, que finalmente falleció en el bombardeo, y a Guedín, que murió de un paro cardiaco-. Debido a este hecho perdimos nuestra vivienda. Fue muy difícil poder volver a organizarnos. Uno de chico no se da cuenta, pero después, de grande, recuerda lo ocurrido y lo que pasamos fue muy, muy doloroso.
«Esto es lo que pasamos en la ciudad de Ensenada, y pocos lo han recordado porque siempre se habla de las bombas de Plaza de Mayo. Espero que estos episodios no se repitan más en nuestro país, que todos los argentinos nos ayudemos; más en este tiempo que todos necesitamos de todos».
- Gilda Peretti, nieta de Antilia Biassi de Fernández
«En Barrio Campamento vivían mis tíos Ángel, Pedro, Dalma, Antonio Fernández y mi abuela Antilia Biassi. Cuando mi madre se entera del bombardeo, se va caminando desesperada para saber cómo estaba ella y sus hermanos, desde la ciudad Eva Peron (La Plata). Al llegar se encuentra con el barrio en ruinas.
«En el año 1957 inauguran el nuevo barrio con la presencia del almirante Rojas, pero mi abuela Antilia se niega a vivir en esa casa que le causo tanto dolor.
«Pasó algo increíble cuando cayó la bomba y destruyó la casa. Quedó una sola pared en pie donde colgaba una foto de Perón (en rigor, un almanaque) ¡El Presidente resistió hasta las bombas!
«Muchos años después, mi madre le escribe una carta a Perón por el cumpleaños de mi abuela, y presumo que le relató lo vivido en ‘Campamento’ y, sobre todo, la anécdota del cuadro.
«El 23 de agosto de 1968, Perón le escribe a Antilia desde Puerta de Hierro, Madrid, dándole las gracias y deseándole un feliz 80 aniversario«.
La evacuación
Al enterarse del posible bombardeo, el pueblo de Ensenada empezó a organizarse y a dirigirse a la Ciudad “Eva Perón” (La Plata), nombre que tuvo desde el año 1952 hasta 1955.
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La organización de la evacuación la llevó a cabo el ministerio de Salud Pública, cartera que tenía a cargo el doctor Enrique Vattuone, concentrando a la población en la estación de trenes de 1 y 44, en el entonces Hotel Provincial (8 entre 50 y 51), en los clubes Estudiantes y Gimnasia y en distintos clubes de barrio. Los ciudadanos llegaban caminando, en micros o en camiones de YPF.
El ministro de salud, Enrique bottuone recorre el Barrio Campamento de Ensenada después del bombardeo.


