Las protestas contra el gobierno de Rodrigo Paz cumplen más de cinco semanas y mantienen bloqueadas rutas clave en gran parte del país. La tensión crece mientras continúan los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
Bolivia atraviesa una de las mayores crisis políticas y sociales de los últimos años. Miles de manifestantes mantienen bloqueos de carreteras y movilizaciones en distintos puntos del país, en medio de reclamos que comenzaron por cuestiones económicas y derivaron en pedidos de renuncia contra el presidente Rodrigo Paz.
Durante las últimas horas se registraron nuevos choques entre la Policía y grupos de manifestantes en La Paz y otras ciudades, mientras el gobierno analiza la posibilidad de declarar un estado de excepción para intentar recuperar el control de las rutas y garantizar el abastecimiento de alimentos, combustible y medicamentos.
Las protestas, que comenzaron a principios de mayo, son impulsadas por sindicatos, organizaciones campesinas, mineros, transportistas y sectores indígenas que denuncian el deterioro de la situación económica, la inflación y la falta de respuestas del Ejecutivo. En varios puntos del país ya se reportan problemas de abastecimiento y fuertes pérdidas económicas.
Según reportes internacionales, el Congreso autorizó recientemente al presidente Paz a utilizar a las Fuerzas Armadas para despejar bloqueos estratégicos si la situación continúa agravándose. La medida generó un fuerte debate político y aumentó la preocupación por una posible escalada del conflicto.
El expresidente Evo Morales también volvió al centro de la escena política. Aunque niega dirigir las protestas, mantiene una fuerte influencia sobre sectores movilizados y cuestiona duramente al actual gobierno.
De acuerdo con cifras difundidas por agencias internacionales, los disturbios ya dejaron muertos, decenas de heridos y cientos de detenidos, mientras continúan los bloqueos en distintos departamentos bolivianos.
